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La economista y directora general de la organización México ¿cómo vamos? lo explica.

Ahora que el peso se levantó de la lona tras el embate de la tormenta Trump y ha comenzado a hacerse más fuerte, algunos se preguntan: ¿por qué la inflación no ha bajado? Cuando el efcto contrario, el aumento en el precio del dólar, ha influido en el alza en los precios.

Para contestar esta pregunta recurrimos a una experta: Valeria Moy, economista y directora general de la organización México ¿cómo vamos?, quien nos ayudó a entenderlo y explicarlo de la forma más sencilla posible.

Sabemos que la inflación es el aumento de los precios de una canasta de bienes y servicios que generalmente se consumen en hogares mexicanos urbanos. Pero para saber cómo cambian los precios, primero hay que conocer cuáles son esos productos que más se consumen.

“La forma en la que cambiaría la inflación mediante el tipo de cambio es a través del precio de los bienes importados”, dijo.

Para eso el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) hace cada dos años la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENI), que lo que busca es eso: entender cuáles son los patrones de consumo de los mexicanos.

INEGI
Y, con base en las respuestas, ponderan, es decir, dan un mayor valor a los bienes en función de cuánto del ingreso le dedican en un hogar a ese producto. Por ejemplo, si sube 15% el boleto del cine y también se incremente el mismo porcentaje la renta de tu casa, seguramente estarás más preocupado por pagar un mes más que por no ver películas.

“Ahí tienes algunos factores que pueden ir complicando la percepción de cómo se mide la inflación”, dice Valeria Moy en entrevista con el HuffPost México.

Y es complicado entender cómo se mide este fenómeno económico por estas razones: hay muchos precios en la economía moderna, los bienes se van ponderando y precios no cambian simultáneamente ni crecen a la misma velocidad.

Pero para eso tenemos el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), que es una especie de lista de los precios que están en la canasta de bienes y servicios representativa de la población mexicana a partir de los resultados de la ENI, que se hace cada dos años.

Pero los mexicanos no consumen dólares ni los compran como un bien. Entonces, ¿cuál es la relación entre el dólar y la inflación?

“La forma en la que cambiaría la inflación mediante el tipo de cambio es a través del precio de los bienes importados que están en la canasta de consumo de los mexicanos”, dijo Valeria Moy en entrevista con el Huffpost México.

Por ejemplo, si los mexicanos consumieran manzanas importadas de Estados Unidos y el dólar estuviera bajando, entonces pensaríamos que el precio de estas frutas podría disminuir también.

Pero así no es como realmente funciona, pues de por medio está el productor, quien podría decidir no modificar el precio y absorber su propio margen en la venta de las manzanas. A esto se le conoce como rigidez de precios.

Y si ese productor de manzanas sí modificara los precios, ¿se vería reflejado en la inflación? Depende el bien.

“Si los bienes importados que están en la canasta cambian de precio, ya sea porque se hicieron más caros o más baratos, esto tendría que verse reflejado en la inflación. ¿Cuánto? Depende qué tan ponderados estén”, dijo Moy.

Además, la economista advierte que el efecto de traspaso –el proceso en el que el tipo de cambio ya se ve reflejado en la inflación- es muy lento. “Sí hay un vínculo, pero no es instantáneo ni automático con el dólar”.

“Si bien el precio se ha apreciado ahorita, eso no significa que la tendencia pueda quedarse ahí permanentemente”, dijo.
En un caso contrario, cuando el dólar comenzó a apreciarse en 2015, el efecto a la inflación se vio hasta 2016, es decir, un año y medio después. Además, la razón principal por la cual tenemos ahora una inflación tan alta como no se había visto en 8 años es porque en enero subió más de 20% la gasolina.

Entonces si hubiera bienes importados en la canasta de consumo de los mexicanos, el peso siguiera apreciándose y los productores decidieran bajar los precios veríamos un impacto en la inflación, pero no en el corto plazo.

Pero las posibilidades de que eso pase son muy escasas, dice Moy, porque no sabemos cuánto durará la buena racha del peso.

Y es que el peso se fue apreciando este año en la medida en que se fue disipando la incertidumbre de la tan cantada amenaza de Donald Trump de acabar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

El problema de eso es que la renegociación del TLCAN aún no empieza –la primera ronda de negociaciones se hará en agosto- y, entonces, el peso podría volver a tocar la lona.

“Si bien el precio se ha apreciado ahorita, eso no significa que la tendencia pueda quedarse ahí permanentemente y menos si viene una negociación tan importante”, dijo Moy.