La jornada laboral de Alexander dura más de 14 horas; cuando despierta a las cinco de la madrugada en la galera donde trabaja, sabe que su único objetivo es mezclar el lodo con el aserrín y formar mil rectángulos del material que servirá para los cimientos de futuros edificios; cuando termina sus actividades, aproximadamente a las 19:00 horas, el joven padre de tres hijos sabe que si terminó la producción de un millar de ladrillos, habrá ganado 500 pesos.

Así han transcurrido los últimos 11 años en la vida de Alexander Morales García, joven oriundo de Agua Blanca Serranía (localidad ubicada a 13 horas de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas), quien no cursó ningún nivel educativo y que actualmente vive con mil 500 pesos semanales para sostener a su esposa y pagar la educación primaria para dos de sus tres hijos.

Para saber

Un millar en la obra: 2 mil 800 pesos
Un millar pagado al trabajador: 500 pesos
Tiempo de elaboración del millar de ladrillos: 14 horas
Tiempo de cocción del millar: 17 horas más 3 días de templado

 

Aún existe competencia

“Uno va en quinto de primaria -menciona-; ahorita que está de vacaciones, él ayuda en la cribada y las actividades de la chamba; el trabajo siempre ha sido mal pagado, hay algunos ladrilleros que ganan hasta 750 pesos por millar, yo aquí gano 500, pero el patrón nos permite dormir en la galera sin pagar renta”.

Morales García mencionó que aún hay competencia entre los productores de este material.

El municipio de Yatareni no es el único donde este oficio ancestral está presente; los ayuntamientos de Tlalixtac de Cabrera, San Sebastián Tutla, Santa Cruz Amilpas, Santa Lucía del Camino o San Andrés Huayápam, también alberguan en sus predios un aproximado de 160 ladrilleros con un horario regulado de quema y también inspecciones del material que se utilizan para atizar las piezas.

Nuevos lineamientos

El Instituto Estatal de Ecología y Desarrollo Sustentable de Oaxaca (IEEDS) no ha realizado un estudio reciente ni el inventario de los hornos que hay en el estado y las cercanías de la capital; hasta diciembre de 2011, los datos que registró fueron de los 160 hornos instalados en municipios conurbados y 349 en el resto del estado.

Venancio Martínez, quien ha cocido ladrillo por más de 20 años, mencionó que los nuevos lineamientos son utilizar el horno de 9 a 12 horas (cuando por el viento el humo se alza y dispersa) y de ninguna manera utilizar neumáticos para iniciar la combustión, sino aserrín.

“Hay un montón de ladrilleros todavía, habremos como 200 que nos dedicamos a la cocción en los hornos, es un trabajo que tarda unas 15 horas para que se atice; después hay que esperar entre dos y tres días para que se temple el material y así retirarlo”, comentó Martínez, quien mencionó que en el establecimiento se producían diariamente de dos mil 500 a tres mil ladrillos.

En Yatareni, las ladrilleras tienen permiso para cocer el ladrillo, de 9:00 a 12:00 horas. FOTO: Javier Jarquín

Aun cuando existen otras alternativas de materiales de construcción, el ladrillo continúa como la principal opción para construir en la mayoría de las viviendas de interés social, interés medio, residenciales y zonas habitacionales; pero en el negocio, denunciaron varios trabajadores, la figura del patrón es la “ganona”.

Inequidad en la paga

El jefe triplica las ganancias de los productores artesanales del ladrillo; un millar de ladrillos se venden en los hornos hasta en dos mil pesos, mientras que llevarlos a la construcción en obra negra aumenta el costo del material hasta en dos mil 800 pesos, más de dos mil pesos encima de los trabajadores.

A la semana, un horno produce de 20 a 25 millares, pero la producción de los trabajadores es de un millar durante dos días; “no hay mucho qué hacer, aquí el que gana es el patrón porque no puedo comprarme un predio ni conseguir la tierra para laborar”.

Aproximadamente en dos días fabrican un millar de tabiques. FOTO: Emilio Morales

Los productores afirmaron que viven una situación de pobreza, pero que la costumbre laboral “los tiene amarrados”.

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